
Hace dos años el Papa Benedicto XVI convocó para este año el Sínodo de los Obispos en Roma. Obispos de diferentes partes del mundo fueron escogidos para representar a sus compañeros y tratar el tema: “La Palabra de Dios en la Vida y Misión de la Iglesia”. El Sínodo más reciente se llevó a cabo el año 2005 cuando los Obispos se enfocaron en la Eucaristía en la vida de la Iglesia.
Nuestro Santo Padre tiene grandes expectativas frente a este Sínodo, porque ayudará a los católicos a darse cuenta de la importancia que tiene la Biblia en nuestras vidas y en la vida de la iglesia, particularmente desde que todo lo que nosotros somos y lo que hacemos tiene como base la Palabra de Dios.
Este año la reunión de Obispos en Roma es el Sínodo Décimosegundo desde que finalizó el Concilio Vaticano II en 1965. El Primer Sínodo se enfocó en la preservación y fortalecimiento de la fe católica. Desde ese primer Sínodo en 1967, once más se han llevado a cabo.
El Papa Pablo VI estableció los Sínodos de Obispos como una institución permanente y como respuesta al deseo de los obispos del Concilio Vaticano II de mantener vivo el espíritu de la colegiatura, el cual fue un sello distintivo que los obispos disfrutaron durante el Vaticano II. Un Sínodo es un tipo de “encuentro”, una reunión religiosa en la cual los obispos se reúnen alrededor del Santo Padre y tienen la oportunidad de interactuar los unos con los otros, en la búsqueda común de soluciones pastorales las cuales son válidas y aplicables en la iglesia alrededor del mundo.
Dos de mis predecesores están participando en el Sínodo, se trata del Cardenal William Levada como uno de los presidentes y el Cardenal Francis George como uno de los representantes americanos. ¡Ustedes pueden estar seguros de que la voz de Portland será escuchada!
Posteriormente a la realización de un Sínodo de Obispos, el trabajo continúa por varios meses y algunas veces, varios años. Hay todavía muchos católicos que aún no leen la Biblia solos o en grupo. Los evangélicos protestantes están muy adelantados con respecto a nosotros en esta materia. Yo estoy esperanzado como resultado del Sínodo, que más católicos se dediquen a leer la Biblia y en particular, las escrituras del domingo antes de ir a misa cada semana. ¡El buen libro puede ser bueno sólo para nosotros, cuando nosotros llegamos a conocer su contenido!
Esperanza y confianza
La Noche de Año Nuevo del año pasado, el Papa Benedicto XVI dio una homilía en la cual describió como un mal la falta de “esperanza y confianza en la vida, un mal ‘oscuro’ de la sociedad occidental moderna”. Cada año en octubre se celebra en las comunidades católicas a lo largo de los Estados Unidos el mes del Respeto a la Vida. El tema de este año, “Esperanza y Confianza en la Vida” es una invitación que recuerda las palabras del Papa y el mensaje de esperanza que proclamó durante su visita pastoral a los Estados Unidos el mes de abril de este año.
Este año el Programa de Respeto a la Vida intenta resaltar el aborto como una de las causas principales de muerte en nuestras comunidades africano-americanas.
La creencia errada de que la posibilidad de encontrar la cura para enfermedades intratables pueden justificar el asesinato de embriones humanos para obtener sus células madres, el peligro del uso de la pornografía, el problema de negar incluso tratamiento básico que sostendría la vida de personas con serios impedimentos físicos o mentales, el dolor y la experiencia traumática de padres y madres después del aborto, y la importancia de la formación de la conciencia y sus aplicaciones para votar.
Los predicadores y los maestros con frecuencia encuentran que el mensaje no es bien recibido por muchos católicos. Hay aquellos que se enfocan sólo en el aborto y aquellos que mitigan la importancia del aborto como algo malvado.
El debate acerca de usar embriones humanos para obtener células madres destinadas a curar enfermedades, encuentra a muchos que se oponen al aborto cambiándose de lado en este asunto en favor de la vida. La misma cosa ocurre cuando nosotros consideramos el tratamiento de una enfermedad seria o la legalidad de la pena de muerte.
El Papa Juan Pablo II habló acerca de la “cultura de la muerte”. El Pontífice se estaba refiriendo a la actitud dominante de la mayoría de las personas que aceptan el asesinato intencional de un ser humano inocente como la solución a un problema social o económico.
Muchos ciudadanos están bastante dispuestos a aceptar la eutanasia, el suicidio asistido, las medidas de control de la población, los abortivos mercadeados como “anticonceptivos”, y la destrucción de embriones humanos para hacer investigación. La aceptación de esto, por parte de los católicos, señala claramente la necesidad que tenemos nosotros de continuar nuestros esfuerzos de enseñar la verdad con amor, aun cuando el maestro no sea universalmente aclamado debido a su mensaje.
A finales de agosto, a la Presidenta de la Cámara de Representantes en Washington D.C., una mujer que se describe a sí misma como una católica ardiente y practicante, se le preguntó en el programa del domingo “Meet the Press” acerca de las enseñanzas católicas con respecto al aborto.
Ella manejó torpemente la respuesta cuando dijo: “Yo no pienso que nadie puede decir cuando la vida humana comienza”. Por su parte, el arzobispo, George Niederauer de San Francisco hizo lo mejor cuando dijo: “Los teólogos individuales de tiempo en tiempo han especulado sobre el inicio de la vida humana, pero la iglesia ha enseñado consistentemente que el aborto es malo. La respuesta a la pregunta: ‘¿Cuándo comienza la vida?’, no debería tener un impacto, se nos ha dicho por el derecho que tiene la mujer a escoger. No obstante, el derecho de la mujer a escoger ciertamente tiene un impacto en la vida humana naciente”.
¿Por qué toda esta confusión acerca de un asunto en el que las enseñanzas de la iglesia han venido a ser tan claras? El Papa Benedicto XVI le atribuye este desarrollo a la influencia de la securalidad en el mundo.
Él afirma diciendo que esto le da color “a la forma como la gente le permite a su fe dejarse influenciar por sus conductas”. La división parece estar creciendo entre la fe que profesamos y la forma como la vivimos. El Pontífice lo expresó de la siguiente manera: “La fe se convierte en una aceptación pasiva de que ciertas cosas “por allá” son verdaderas, pero sin relevancia práctica en la vida de todos los días. El resultado es la creciente separación entre la fe y la vida, pues estamos viviendo “como si Dios no existiera”. Esto es agravado por un enfoque individualista y ecléctico de la fe y la religión”.
Actualmente “pensar como la iglesia” es considerado bastante anticuado por decir lo mejor, o estúpido por decir lo peor. Cuando nuestra fe católica y las creencias que profesamos se vuelven irrelevantes con relación a nuestras decisiones personales y políticas, entonces nosotros le estamos permitiendo a esta cultura de la muerte echar raíces en nuestros corazones y extenderse en nuestras comunidades.
Es fácil criticar a los políticos que están allá públicamente en vitrina con respecto a sus inconsistencias como creyentes. Nosotros también necesitamos mirar en nuestros corazones y ver en dónde fallamos a la hora de vivir de acuerdo con nuestras propias creencias.
Desde el siglo primero, la iglesia ha afirmado el mal moral del aborto. Esta enseñanza no ha cambiando y permanece incambiable.
Es un hecho científico que la vida comienza en la concepción. Nosotros necesitamos entender que la posición de nuestra iglesia sobre el aborto se basa en el principio que “cada vida humana tiene inherente dignidad, y por lo tanto tiene que ser tratada con el respeto debido a una persona humana”. Este derecho permanece siendo el fundamento de todas las enseñanzas sociales de la iglesia, incluyendo aquellas sobre la guerra, el uso de la pena de muerte, la eutanasia, el cuidado de salud, la pobreza y la inmigración.
La vida es un regalo de Dios, uno que nosotros gozosamente celebramos cada cumpleaños. Nosotros somos sus administradores. Por favor únase a los católicos a lo largo de la nación este mes, en trabajo y oración que lleven al redescubrimiento de la verdad y el gozo de la vida cristiana, vivida completamente para Dios y para otros.
San Pablo y sus enseñanzas
El Papa Benedicto XVI está ciertamente haciendo su parte, al ayudarnos a celebrar este año histórico dedicado a los testimonios y enseñanzas del Apóstol San Pablo.
El segundo libro de pensamientos espirituales del Papa se titula San Pablo, y presenta notas y reflexiones acerca de Pablo. Es una serie de libros los cuales deberían ayudar a los católicos a tener un poco más de conocimiento sobre nuestro pastor principal y también retornar a la Biblia como el recurso para la renovación personal y de nuestra parroquia.
Este libro está a tiempo, dado que el Año del Jubileo de San Pablo empezó este año el 28 de junio y terminará el próximo año el 29 de junio, con la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo.
Habrá celebraciones especiales aquí en la Arquidiócesis de Portland a través de las cuales nosotros honraremos la memoria de San Pablo y celebraremos juntos el jubileo. Es mi plan ser capaz de visitar las tres iglesias de la Arquidiócesis llamadas en honor de San Pablo y de presidir celebraciones especiales de jubileo en estas comunidades.
Estas reuniones han sido ahora establecidas y estoy complacido de informarles a ustedes acerca de ellas.
San Pablo fue realmente el primer gran misionero de la iglesia, llevando el evangelio a Jesucristo a las gentes no judías. Cada mes de octubre nosotros recordamos y apoyamos las actividades misioneras de la iglesia a través de nuestras oraciones, sacrificios y donaciones.
El domingo 12 de octubre, yo celebré la misa en la iglesia de San Pablo, en San Pablo. Fue allí donde la semilla de la fe católica fueron plantadas por primera vez en Oregón, por los misioneros hace más de 170 años. Nosotros fuimos una iglesia misionera.
La jornada que vivió San Pablo hacia su santidad, lo llevó por diferentes caminos durante su vida. Una hermosa pintura del artista italiano Caravaggio representa la conversión de Pablo en su camino a Damascos. Es interesante que él iba de camino a perseguir más cristianos, cuando cayó al suelo deslumbrado por una luz divina. Él rápidamente cambió de lado y siguió a Jesús sin pensarlo dos veces. Cada año, la iglesia celebra la fiesta de su conversión el 25 de enero. Éste va a ser un domingo en el año 2009 y yo le estoy pidiendo a todas las parroquias que celebren la misa de la celebración, en vez de la misa del domingo. Unidos en oración nosotros reconoceremos que la verdadera conversión es necesaria, una que es para toda la vida y en curso hasta el día en que nosotros muramos. Como Pablo, nosotros también hemos sido llamados a ser misioneros.