Edición Impresa: 11/05/2008

Barack Obama en la historia por el cambio

Barack Obama en compañía de su esposa Michelle y sus dos hijas Sashia y Malia.
Foto del Servicio Católico de Noticias.

ATLANTA- Jesse Jackson enjugó sus lágrimas en plena celebración. Quizás porque no podía creerlo. Tal vez porque nunca llegó a pensar que ese día, esa noche, pudiera ser una realidad en los Estados Unidos. Pero detrás de él, había más de 70 mil personas celebrando el triunfo. Era el cierre de una jornada electoral y política como muy pocas veces se había vivido en esta nación.
Fue una victoria debido a la constancia, al carisma, al trabajo, pero además, al voto en contra de una administración que durante ocho años permaneció en la Casa Blanca, para salir con el más alto porcentaje de impopularidad en toda la historia de los presidentes de los Estados Unidos, con algo más del 70 por ciento de imagen negativa.
Barack Obama, de 47 años, afroamericano, abogado de la Universidad de Harvard, catedrático de Derecho Constitucional, senador de la República por el Estado de Illinois, hace 22 meses era un desconocido en el ámbito nacional de la política de los Estados Unidos y se enfrentaba, por la nominación a la candidatura presidencial en el Partido Demócrata, a la también senadora y esposa del ex mandatario Bill Clinton, Hillary Clinton, cuyas proyecciones, apoyo y presencia, le daban suficiente ventaja para esperar con la tranquilidad del caso, la captura de la representación de su tradicional partido a la contienda, a la que superó de manera inobjetable.
Barack Obama comenzó su campaña con la ayuda de sus amigos, con la gente de las calles, con algunos políticos de menor importancia, y empezó a subir los peldaños de la escalera del triunfo que lo conduciría, en menos de dos años, a ser el inquilino para los próximos cuatro años de la Casa Blanca, rompiendo mitos, registros, tendencias, etnias, razas, color, criterio, pensamientos y manera de hacer política, para llegar a ser el primer hombre de color que llega a ocuparla, y que cambia, por otras tantas cosas, la historia en los Estados Unidos, cuya presencia transforma por completo no solo el panorama de la política en esta gigante nación, sino que vuelve a permitir que se piense en que "el sueño americano" puede ser una realidad.
Nacido en Hawai, de padre afroamericano y madre blanca, Barack Obama soportó todos los vaivenes de la política en su corta carrera que, primero lo llevó a ser parlamentario estatal en Illinois, y más tarde, al Senado de la República, para convertirse en el tercer afroamericano en llegar por votación popular a la cumbre del órgano legislativo de su país, y el quinto de su raza, en ocupar una curul en ese recinto de la democracia norteamericana.
Con él se jugaba la historia otras cosas adicionales. Además de ser el primer aspirante afroamericano para llegar a la Casa Blanca, también se enfrentaba a uno de los senadores con mayor credibilidad en el ambiente político como lo es John McCain, uno de los pilares del Partido Republicano. Junto a McCain, su fórmula presidencial, la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, se convertía en la primera mujer en aspirar a ingresar a la Casa Blanca, en su calidad de vicepresidente.
Luego de superar a Hillary Clinton en la nominación del Partido Demócrata, Obama toma las riendas de su campaña, yendo a casi todos los rincones del país, pidiendo casi que puerta a puerta, el voto de todos los ciudadanos de este país de inmigrantes, como lo fue su papá al llegar a la nación. Y mostró un carisma poco conocido entre los políticos norteamericanos, convirtiéndose en la esperanza frente a la experiencia de McCain; el de los nuevos ideales contra la poderosa maquinaria gubernamental, cuya experiencia en los comicios del 2000 y del 2004, hacían recordar momentos agridulces para la política de los Estados Unidos, cuando triunfó George W. Bush, el mandatario que entrega la nación en un mar de conflictos el próximo 20 de enero de 2009.
Con unos 153 millones de ciudadanos habilitados para votar, superándose el promedio del 65 por ciento de los mismos depositados, quizás la más alta votación de sufragios registrados en los anales democráticos de los Estados Unidos en el último siglo; con una espontaneidad y sonrisa fácil frente al gesto adusto, calculador y frío de su rival republicano, Obama se salió con las suyas al ser electo como el cuadragésimo-cuarto presidente de los Estados Unidos, al sumar más de 340 votos electorales, cuando apenas necesitaba de 270, antes de la media noche de este martes 4 de noviembre de 2008.
Horas antes de conocer su triunfo, supo del fallecimiento de su abuela materna, Madelyn Payne Dunham, de 86 años, a quien había visitado cinco días antes en Hawai, y quien en vida fue por varios años, su madre de crianza, su eje conductor en buena parte de su niñez, y de sus labios recibió sabios consejos que lo llevaron a los caminos en donde está hoy en día y cuya gloria no alcanzó a vivir con su nieto, como tampoco lo pudo celebrar su señora madre, quien falleció a los 56 años, por una penosa enfermedad.
¿Candidato Novato?
Calificado por los expertos en la política de este país como un candidato novato, pero a quien reconocían como un fenómeno mediático de la política norteamericana, Barack recaudó algo más de 600 millones de dólares para su campaña presidencial, otro registro histórico en las contiendas electorales, duplicando en esa materia a la campaña de su rival republicano, un veterano de guerra, que tenía todo a su favor para llegar a la Casa Blanca, menos el favorecimiento de los electores que, de esta manera, le pasaron la factura de cobro a la pésima administración del saliente presidente Bush.
George W. Bush deja a la Nación en plena crisis económica, comprometida en dos guerras en las que con el transcurrir de los días se vino a comprobar que fueron artificialmente creadas por su administración, y con un vecindario como América Latina, distante y frío, frente a los Estados Unidos, y con la presencia de mandatarios con ideas socialistas, que no encontraron recepción alguna para la política internacional por parte del mandatario estadounidense.
El golpe que dejó una vez más mal parados a los politólogos de la Nación, fue cuando Barack Obama anunció a Joe Biden como su fórmula vicepresidencial, cuando el país entero esperaba que seleccionara a Hillay Clinton, en aras de que los electores hispanos pudieran abstenerse de votar por él, ante la eliminación de Hillary para la contienda presidencial, su preferida en ese momento. Pero los hispanoamericanos también respondieron con su presencia de manera numerosa y alegre en las mesas de votación para respaldarlo, permitiéndole capturar los colegios electorales que se habían convertido en bastiones republicanos, como Florida, Pensilvania, Ohio, Nueva Jersey, Colorado y Nuevo México, entre otros.
Biden es un veterano demócrata de 30 años en el Congreso de los Estados Unidos, con orígenes humildes, hijo de un padre que era vendedor de automóviles, católico de tiempo completo, a sus 65 años, es considerado la voz de la experiencia que tendrá el gobierno de Obama, y tiene un vasto conocimiento en materia de política internacional, como que es presidente del comité de Relaciones Internacionales del Senado de la República. Su carrera política ha sido forjada por sus propios esfuerzos y es un hombre calificado como íntegro de su partido y de la clase política norteamericana.
Con su indiscutible poder de oratoria, con su carismática forma de ser, exhibida de manera franca y alegre, por sus ideales de cambio en puntos críticos como la política internacional, expresados a lo largo y ancho del país, con las mejores intenciones de hacer una reforma migratoria que resuelva el problema de algo más de 12 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos, de superar el momento crítico por la cual atraviesa la Nación en materia económica y de desempleo, de amainar y salir de los conflictos internacionales en que se encuentra el país, el desafío del gobierno que encabezará Barack Obama no será nada fácil y tendrá que decidir con buen tino, qué es lo mejor que podrá aplicar en cada caso para superar todas esas gigantes dificultades.
Barack llega a la Casa Blanca a ocuparla con su esposa, Michelle, abogada y socióloga de la Universidad de Princeton, hija de un humilde hogar conformado por un trabajador del servicio de aguas de Chicago y de una secretaria, acompañada por sus dos hijas, Malia, de 9 años, y Sasha, de 6 años, luego de contraer nupcias con el hoy electo presidente de los Estados Unidos en 1992, antes de llegar al Senado de la República.
A partir del próximo 20 de enero, la Casa Blanca tendrá un nuevo inquilino, al primer hombre de color, que durante cuatro años gobernará a los Estados Unidos. Pero al mismo tiempo, después de 45 años, la alegría de los niños volverá a sentirse en los jardines de la casa presidencial norteamericana, pues desde John F. Kennedy, los mandatarios estadounidenses que la ocuparon, no tenían hijos menores de edad.

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