
El Arzobispo de Portland, John Vlazny, quien ha sido protagonista de las noticias diarias desde hace dos semanas, ha enfrentado con gran entereza la crisis causada por el escándalo de abuso sexual en la iglesia católica. La solución final: declarar en bancarrota la Arquidiócesis de Portland, en una medida que le tomó mucho tiempo, como él mismo lo ha dicho a los medios de comunicación.
Y esta decisión, como la de un caso extremo, muestra el daño que esta situación ha causado llegando a sus límites. Muchos miembros de la comunidad hispana consternados se comunicaron con la redacción de El Centinela, tan pronto se dió a conocer la noticia el pasado martes 6 de julio en una rueda de prensa que tuvo con sede la Arquidiócesis de Portland. Allí, se hicieron presentes todos los medios de comunicación locales y las agencias de noticias, que reportaron inmediatamente la información que se conoció no sólo en Oregón, sino en todo el país.
Entre las llamadas de algunos ministros hispanos, se dejó entrever la solidaridad con su Arzobispo John Vlazny y la preocupación que surge inevitablemente: “¿Y qué va a pasar con nosotros, los feligreses y nuestras parroquias? ¿Qué vamos a hacer ahora?”
Es obvia la pregunta, pues la Arquidiócesis y el Arzobispo John Vlazny integran la cabeza de nuestra iglesia en Oregón. Muchas personas, mostraron su solidaridad con el Arzobispo y la situación que con gran entereza él ha enfrentado durante todo este tiempo.
Un miembro de la comunidad, que no quiere que se publique su nombre, decía: “Me parece una situación difícil para mi Arzobispo Vlazny. Yo siempre he encontrado en sus mensajes una voz de aliento y en sus cartas a los lectores, él siempre ha enfatizado la importancia de mantenernos unidos como iglesia, sobre todo en estos momentos de crisis”.
Si, pues el Arzobispo en varias columnas dijo claramente que la Arquidiócesis era solidaria con las víctimas y que se oraba y se pedía la oración en comunidad por todas las personas que habían sido afectadas, incluyendo las familias.
En cada momento, el Arzobispo John Vlazny, se ha mostrado compasivo. Se ha mostrado consternado y sobre todo, listo para asumir el problema que se presentó hace muchos años y que hoy pone en el banquillo a nuestra Arquidiócesis de Portland.
Pero lo que yo me pregunto, como miembro de esta iglesia católica, más que como directora de este periódico, es por qué este problema, que es muy delicado se ha planteado en terminos económicos, que han sobrepasado los millones y millones de dólares en cada caso. Acaso, ¿el abuso de un niño y las secuelas que éste deja, se borran con dinero? ¿Y si se trata de un millón más en la demanda, es mucho más fácil de borrar o de olvidar?
Yo personalmente no pienso que se trate de esto. Es un problema moral que la iglesia ha enfrentado directamente, retirando de sus puestos a los culpables. ¿Que en el pasado no se hizo? Bueno, se llegó a un punto en el que el problema planteó el retiro y la rehabilitación, además de la búsqueda de los culpables, la denuncia y sobre todo, la indemnización de las víctimas.
Pero no creo que la indemnización, planteada en términos de millones de dólares, sea la forma de salir de un problema como éste. Cuando leo que la Arquidiócesis tuvo que pagar durante los últimos cuatro años, por cerca de 100 casos, más de 53 millones de dólares, pienso que miles de niños mueren de hambre en cientos de partes en todo el mundo y que ese dinero habría sido mejor aprovechado en causas humanitarias. Pienso que el tema del “abuso sexual” se convirtió en la fiesta de los millones, para muchos que encontraron la manera de “olvidar” o de “señalar el delito”, pensando en la riqueza.
Qué tristeza que además del golpe moral, se tenga que enfrentar este deseo de enriquecimiento, en torno a una situación que incluye muchos factores y que sería mejor enfrentar cautelosamente y con dignidad, por parte y parte.
Los líderes de la comunidad hispana se han pronunciado ante este hecho, que es la noticia del mes. Por eso, El Centinela ha querido publicar textualmente la opinión de uno de sus Ministros Hispanos. Se trata de Fernando Galindo, quien es líder en la parroquia de San Pío X y quien respondió al llamado de El Centinela, compartiendo su opinión. él dijo:
La bancarrota de la Arquidiócesis de Portland, no ha hecho en lo absoluto que mi fe disminuya. Por el contrario, siento que mi fe ha aumentado y se ha fortalecido. Es triste mirar que tuvimos que llegar a este punto, pero la Iglesia Católica, siempre ha tenido tiempos difíciles que ha tenido que pasar y éste es uno de esos. Sin embargo, nuestra iglesia no está sola. Dios está en medio de nosotros, está vivo y activo. Considero que éste es un tiempo en el cual, nosotros los católicos podemos renovar nuestra fe. Este es un tiempo de renovación, de aceptación y de reconciliación. Es un tiempo para perdonar y para seguir adelante. Sobre todo eso, es un tiempo en el que todos nosotros debemos vivir el perdón.
Si pienso en el abuso sexual a menores, por parte de sacerdotes, veo que es una realidad muy penosa y dolorosa, pero al mismo tiempo debemos reconocer que es algo que sucedió en el pasado y frente a lo que no podemos quedarnos con los brazos cruzados o actuar negativamente, para dejar a la iglesia a un lado.
Por el contrario, estos tiempos de crisis deben servirnos para reconocer nuestros errores como iglesia, y para no volver a caer en lo mismo y llegar al acercamiento y reconciliación con Dios.
La reconciliación es quizás el primer paso que damos para alcanzar el perdón. Por eso, debemos reconciliarnos con Dios, con el hermano y especialmente con quien nos ha hecho daño.
También pienso que debemos entender que nuestra iglesia no es sólamente esa construcción que sostiene las paredes de nuestra parroquia. No. La iglesia somos cada uno de nosotros. La Iglesia la llevamos en nuestro interior, en medio de nuestro corazón. Cada uno de nosotros es la iglesia.
Nuestra fe es mucho más. Nuestra fe es espiritual y no tiene que ver con hermosas edificaciones, pues va más allá de la fachada exterior, va directamente hacia Dios. Además, la Iglesia está gobernada por seres humanos, no por ángeles, sino por hombres y mujeres de carne y hueso, que son pecadores y que estamos en este camino de búsqueda, en este camino de acercamiento a Dios, por medio del perdón y del arrepentimiento.
Como hispano, como miembro de la comunidad hispana, quiero expresar por medio de esta carta, que aprecio profundamente a nuestro Arzobispo John Vlazny en la decisión de declararnos en bancarrota. En estos momentos quiero recordar que nuestro Arzobispo es un gran hombre de fe y esperanza en Dios. El ha sido un gran líder de nuestra iglesia y como todo buen líder es un gran pastor.
Sinceramente creo y confío que él ha hecho lo correcto y no podía poner en peligro la misión de la Arquidiócesis de Portland, en la situación en la que dos de los demandantes han pedido una cantidad que en mi opinión es “ridícula” y no es “justa”. Esto fue lo que hizo realmente que el Arzobispo optara por la bancarrota y yo lo apoyo. Como dice él: “estoy comprometido con una justa compensación”.
Pero lo que estos demandantes buscan no es la reconciliación, sino algo que a mí se me asemeja más a una venganza y eso no lo podemos permitir.
Como católico y haciendo un llamado a los católicos en la Arquidiócesis de Portland, pienso que estamos llamados a apoyar a nuestra iglesia y a nuestro Arzobispo John Vlazny en todos los aspectos. Es decir, en el aspecto económico, por ejemplo. Pienso que no debemos dejar de dar nuestra contribución semanal como feligreses de cada parroquia. De igual manera, debemos seguir apoyándolo a nivel espiritual, con nuestra oración y finalmente, pienso que debemos apoyarlo en nuestro sentido humano, con nuestro apoyo moral.
Estamos juntos con él, y ni a él y ni a la Arquidiócesis vamos a abandonar. Es un riesgo el que se vaya a un juicio en la Corte, por lo que necesitamos aumentar nuestra oración y nuestros sacrificios, para que se lleve a cabo el proceso con justicia. Todos somos la Iglesia y Dios está en ella. El Espíritu Santo continúa vivo y trabajando en cada uno de nosotros y en aquellos que nos dejamos mover por él.
Las palabras de reflexión que Fernando Galindo ha compartido con nosotros, se constituyen en la voz de muchos hispanos, que creen en su iglesia, que aún y a pesar de la crisis, siguen asistiendo a misa y sobre todo, reflexionando en su condición de católicos.
Quizás esa reflexión es la que realmente hace que la Iglesia sea sólida en medio de la gran controversia y una vez más, enfatizo que ésta crisis se ha planteado en temas económicos y a pesar de que tiene un transfondo moral, el dinero y la cantidad de millones, son los que se han puesto sobre la mesa como única solución. Esto demuestra que en este tiempo, todo se paga con dinero, sin mirar más allá. Es hora de detenernos y pensar seriamente si éste es un problema de dinero.
Como dice Fernando Galindo “lo que realmente debemos plantearnos es el perdón y la forma en que vamos a lograr la reconciliación".