
Queridos Lectores:
Durante estos cinco años he escrito historias que ilustran de alguna manera cómo es la realidad de los hispanos inmigrantes que llegan al estado de Oregón. Pero algunas de estas historias son desgarradoras porque muestran no sólo la riqueza cultural que tenemos a través de las fiestas, sino porque nos dejan ver realidades que están ahí, día a día y que la mayoría de las veces no son tan evidentes a primera vista.
Por eso, este mes he querido compartir con todos los lectores, una realidad que es obvia para quienes transitan por las calles Burnside o Grand, donde sin importar el estado del tiempo, siempre se vé un grupo de hombres de pie esperando a que un carro pare para darles trabajo, así sea por una hora.
Yo decidí visitar “la esquina”, porque a pesar de que había escrito sobre los problemas que afectan a los jornaleros, siempre había tenido la inquietud de ver de cerca la realidad de estos hombres. Así que lo hice, por eso esta edición de El Centinela, incluye un artículo al respecto. Al llegar allí, doblé a la derecha en la calle Burnside con 6th, para estacionarme y tan pronto detuve mi carro, cerca de 15 hombres se avalanzaron a las ventanas diciendo: “quiero trabajo, lléveme a mí”…
En la forma como se avalanzaron hacia el carro, me dí cuenta de la desesperación. La mayoría se veía con frío, con hambre, pero ante todo, con deseos de trabajar.
Quiero llamar la atención sobre la realidad de los jornaleros en esta edición, porque es hora de hacer algo a favor de ellos. Al cierre de esta edición supimos que ya varios profesores de Reed Community College han empezado a dictar clases de inglés en la esquina, pues es muy importante que los jornaleros se puedan comunicar con los empleadores, quienes muchas veces, por testimonios recogidos por la organización VOZ (que protege sus derechos), se ha visto que se aprovechan de la necesidad y de la falta del idioma, para ponerlos a trabajar duras jornadas y luego desaparecer sin pagarles nada.
Otro de los problemas que ellos tienen es el de la basura, el cual a través de la iglesia de San Francisco, se ha tratado de solucionar un poco, pero el que todavía requiere de la atención de los líderes comunitarios. El problema es que las canecas de basura de la esquina permanecen llenas de desperdicios y nadie las recoge, porque según hemos averiguado el valor por semana es de $120 dólares y hasta el momento nadie se ha responsabilizado de esto.
Vale la pena resaltar que la calle permanece limpia, en la medida que se puede, pero por la falta de la recolección de basura, los jornaleros se ven obligados a vivir cerca de la basura, además de que no tienen un baño, un sitio para comer, o por lo menos tomarse un café y tampoco un sitio para dejar sus pertenencias. Esto, requiere de la ayuda de la comunidad, la cual estoy convocando a través de mi columna.
Yo los invito a leer mi reportaje sobre ‘la esquina’, pues es una forma de mostrar de alguna manera, lo que pasa allí, para ver si por medio de algunas parroquias la personas apoyan campañas de solidaridad con estos hombres, que sin poseer nada, permanecen de pie, sólo esperando por una hora de trabajo.
Ojalá los líderes comunitarios vean la necesidad que existe en la “esquina” y se comuniquen con VOZ al 503-233 6787, con el fin de suplir algunas de las necesidades que viven los jornaleros. Una idea positiva ahora que se avecina la temporada navideña, podría ser la organización de un desayuno con café caliente y pan, para todos estos hombres que aguatan frío en la esquina.