La movilización contará con la participación de organizaciones como CAUSA con líderes comunitarios de Oregón.
Antonio Andraus
Los inmigrantes de Oregón marcharán en Washington D.C. el 21 de marzo para pedir la reforma migratoria.
Foto Archivo de El Centinela por Gerry Lewin.
El presidente Barack Obama todavía no tiene claro cómo puede encontrar una fórmula para solucionar la problemática migratoria que vive Estados Unidos, con la presencia de unos 15 millones de indocumentados que desde hace más de cuatro años, esperan una solución de fondo, radical, humana, y bajo los principios del respeto por la dignidad humana.
Durante su campaña electoral, el presidente Obama sostuvo que sería una de sus prioridades, pero como han manifestado muchos de los dirigentes que propugnan esa reforma migratoria, no desde ahora sino desde hace ya varios años, por el momento no existe nada concreto, ni siquiera una iniciativa que permita pensar en que la luz está ya al final del túnel, lo cual deja en entredicho la propuesta del hoy presidente de los Estados Unidos.
No cabe la menor duda de que el primer gran campanazo de los inmigrantes indocumentados será el próximo 21 de este mes de marzo, cuando se calcula que una marcha de protesta prevista para efectuarse frente a la Casa Blanca, congregue a por lo menos 100 mil personas, que le recordarán al primer mandatario estadounidense que esa ‘’inmensa nación’’ de inmigrantes que convive en los diferentes estados de la nación, acosados por los agentes federales de inmigración, por la redadas en diferentes ciudades de la Unión Americana, por la forma intimidatoria en que se adelantan las deportaciones, sin el menor respeto a esos ciudadanos, y por la carencia absoluta de contar con una opción para que los estudiantes ilegales ingresen a los claustros universitarios, que no están dispuestos a ceder en su empeño de obtener del Gobierno de los Estados Unidos una verdadera reforma migratoria.
Esa protesta pacífica pero de importancia para los legisladores demócratas y republicanos, incluyendo al presidente Obama, está en marcha, y los manifestantes se trasladarán a Washington D.C., en autobuses con la presencia de dirigentes de toda la Costa Este de los Estados Unidos, así como de otras localidades tan lejanas como Michigan, Tennessee, California, Iowa y California, para apenas citar unas pocas ciudades, de donde saldrán las caravanas camino hacia la capital de la Nación.
Los cálculos menores, dados a conocer por Pew Hispanic Center, indican que en los Estados Unidos viven aproximadamente entre 11 y 12.6 millones de indocumentados; pero de manera categórica se puede decir que esa cifra ciertamente es mayor, cuando se ha podido constatar que algo más de 14 millones de personas viven ilegalmente en el país, probablemente con una cifra real que puede fácilmente superar los 15 millones de indocumentados.
Nadie puede olvidar aquella primera gran protesta contra el Gobierno de los Estados Unidos en el 2006, por el caso migratorio y la situación de los indocumentados, cuando estaba en el poder George Bush; empero, desde ese momento, hubo un demostración inequívoca de que los inmigrantes están dispuestos a luchar por una causa justa, por el respeto a su mano de obra, por el trato que merecen cuando son vulnerados sin consideraciones de ninguna naturaleza por sus empleadores, y cuando, como se ha venido demostrando, su trabajo mueve una buena parte del sistema económico del país. Fue en ese momento cuando, sin duda alguna, quedó demostrado que la fuerza de los inmigrantes puede constituirse en una muralla inexpugnable para el sistema político de los Estados Unidos en los años venideros, si no hay una decisión de fondo y urgente.
Primeros consejos
El presidente Obama, sin duda alguna, perdió a un gran aliado para la causa migratoria en el Congreso de los Estados Unidos, con el fallecimiento del veterano senador demócrata Edward Kennedy. Pero nadie puede olvidar que el hoy presidente de los Estados Unidos, durante su campaña electoral camino a la Casa Blanca, había ofrecido que el caso de los inmigrantes sería una de las prioridades en los primeros 100 días de gobierno, proceso que más adelante aplazó para su primer año de mandato.
Los primeros consejos que ha recibido Obama es que debe pensar seriamente en que se redacte una propuesta consensuada con los líderes de los dos tradicionales partidos del Congreso de los Estados Unidos, y parece que esa fórmula ya está en marcha.
Cuando escribimos estas líneas, el presidente estadounidense ya tiene en su poder unos rasgos generales de lo que puede ser la iniciativa que finalmente se lleve a la discusión del Congreso Norteamericano, al escuchar a los senadores Charles Schumer, demócrata del Estado de Nueva York, y Lindsey Graham republicano de Carolina del Sur, pero todavía no existe un pronunciamiento oficial sobre el caso por parte de la Casa Blanca, hecho que se está esperando desde agosto o septiembre del año pasado.
Nunca es tarde para comenzar, han dicho los dirigentes de los inmigrantes, y por eso, trabajan sin desfallecer un solo instante en la organización de la marcha de protesta del 21 de marzo venidero, mientras se redacta el proyecto de ley que regularizará la presencia de esa “nación’’ de indocumentados, norma que necesita como mínimo 60 votos a favor en el Senado y de 218 papeletas a favor en la Cámara de Representantes para que se convierta en realidad.
Pero en el fondo, el mayor problema que afrontará la ley es que muchos legisladores no están de acuerdo con que la iniciativa parlamentaria incluya el plan de la legalización de los indocumentados, algo que necesariamente tiene que discutirse y hasta incluirse, si es que se quiere llegar a una decisión ajustada a la realidad que viven los ilegales en toda la nación. Es este escollo sobre lo cual no existe, que se conozca por el momento, una posición definitiva del gobierno del presidente Obama, la que aparentemente tiene dividida la opinión del Congreso de los Estados Unidos.
Desde luego, y es la hora de decirlo, no hay una vara mágica que se nos permita usar para conocer si, en el fondo, todo hace parte del populismo político que viene asediando la propuesta para dilucidar de una vez por todas lo que va a pasar con esos 15 millones de indocumentados que viven en los Estados Unidos.
Lo que se ha dicho y hace parte de la realidad, es que ya la solución no da más espera y que el presidente Obama, con su liderazgo característico, tiene que tomar “el toro por los cachos’’, como se dice popularmente, y hacerle frente a la solución más temprano que tarde, antes de que en las elecciones para el Congreso de los Estados Unidos de noviembre venidero, la factura de cobro para el Partido Demócrata sea de tal magnitud que ya no habrá tiempo para el arrepentimiento, por parte de los cientos de miles de electores que tiene especialmente en el sector hispano en el país.
De modo que este 2010 puede ser el año de la gran decisión para los inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos, pasándose del populismo y de la retórica política, a los hechos concretos que defina una ley antes de que sea demasiado tarde.