Con su regreso a los Estados Unidos, su padre Luis Díaz cumplió su deseo.
Rocío Rios
El abrazo fuerte entre padre e hijo conmovió a quienes asistieron al aeropuerto para dar la bienvenida.
Foto de El Centinela por Kim Nguyen.
Para el joven Luis Díaz Jr. la historia de su vida se divide en dos y la fecha que marcó ese antes y después fue el 10 octubre del 2006, cuando fue deportado a Guatemala.
Ese día en compañía de su madre Irma y su hermana Mónica, él vio cómo su vida se detenía. Durante tres años y medio, estuvo en contacto con su padre Luis Díaz, con su hermana Jennifer y su novia, añorando volver a este país que para él era su casa, su presente y su futuro.
Fueron tres años y medio muy duros. De adaptarse a una cultura completamente extraña, de vivir duros trabajos para ayudar a su madre y sobre todo añorar la vida que tenía en los Estados Unidos. Fue un tiempo de incertidumbre, pues con la deportación eran casi nulas las posibilidades de un regreso. Pero el amor y la constancia de sus familiares, amigos y su esposa Brittany Stott hicieron el milagro.
Así el pasado 20 de febrero en el vuelo de Delta proveniente de Guatemala, Luis Díaz, Jr. cumplió su sueño de regresar a los Estados Unidos, un momento tan añorado que parecía mentira. Una señora me dijo ‘felicidades’. Cuando ella me habló fue como despertar porque todo el viaje estuve en silencio y viendo las nubes. Era como estar soñando despierto”, dijo en entrevista con El Centinela.
La realidad del regreso era increíble para Luis, quien aún recuerda el día de la deportación. “Fue una de las experiencias más tristes de mi vida, pues tuve que dejar a mi papá y a mi hermana. Cuando el avión despegó sentí que todo paró. Me puse a llorar en el avión y los tres estábamos en silencio por la gran tristeza de tener que dejar nuestra familia”.
Pero esa experiencia quedó atrás. “Al regresar y ver a mi papá Luis y a mi hermanita Jennifer yo estaba muy feliz. Jennifer se puso a llorar y yo quería abrazarlos a todos. El abrazo con mi padre Luis fue muy fuerte. Yo estaba muy feliz de verlos a todos y por fin, entendí que íbamos a estar bien”.
Todos compartieron en el aeropuerto la alegría de la familia Díaz, por el regreso de Luis con un estatus legal a los Estados Unidos. El está casado con Brittany y el amor y la constancia de estos años lograron su regreso.
La noticia de tener los papeles lo tomó por sorpresa. “Dos semanas antes de mi viaje, mi esposa me llamó para contarme que ya podía ir a la embajada americana a reclamarlos”. Brittany Stott siempre estuvo apoyando a Luis. Ellos empezaron su relación a finales del 2004. “Ella fue muy fuerte y tuvo mucha paciencia, pues la separación fue muy difícil y ella estuvo muy triste. Nosotros nos casamos en Antigua (Guatemala) el 29 de enero de 2008 y ese día fue muy lindo”.
Y la espera fue difícil. “Cuando supe de mi green card me puse felíz, y quedé como en shock, porque tenía tanto tiempo de estar esperando y cuando se dio, no lo esperaba”.
Luis recuerda ese momento con mucha emoción. “Estaba con mi mamá hablando y Brittany me llamó y me dijo que si no había revisado mi correo. A las dos horas me llamaron de la embajada de Estados Unidos en Guatemala y me dijeron que ya estaba todo aprobado y que si podía pasar al día siguiente a dejar mi pasado judicial y tenía que llevar mi pasaporte para que me dieran la visa”.
Luis no esperó un segundo para hacer la vuelta. “Yo fui esa tarde por el pasado policial y me fui en la moto y me lo dieron en menos de una hora. Me dijeron que el martes podía recoger mi visa y fue muy rápido”.
Irma la madre, es la única que queda en Guatemala. “Mi mamá no me dijo nada y se puso a llorar. Ella es la única que queda allá y estoy triste por eso”.
Estos años Luis fue el apoyo de su madre en Guatemala. “Quise mantenerme ocupado y trabajando para ayudar a mi mamá. Trabajé en varios sitios, entre esos un orfanato y una gasolinera, donde alcancé a ganarme 8,500 quetzales al mes. Esa plata se la daba a mi mamá para pagar las cuentas y ayudarla”.
En medio de todo, hay buenos recuerdos de Guatemala. “Recuerdo a mis primitos y mi familia allá. Son buena gente y siempre nos ayudaron”. Para Luis la lección de vivir la deportación fue muy clara.“Hay que apreciar todo lo que uno tiene, porque hay lugares como Guatemala donde así uno quiera mejorar no se puede y se trabaja muy duro y todo sigue igual. Allá la vida es muy dura. Todo lo que uno tiene allá cuesta mucho, así sea un simple desodorante”.
Hoy Luis está de nuevo en Oregón. Su papá Luis y sus hermanas Mónica y Jennifer celebran el verlo con su esposa Brittany. Lisa la mamá de Brittany fue una persona vital en todo este tiempo para lograr el regreso de Luis. Aún falta la madre Irma y por eso, el sueño de reunir a la familia Díaz sigue presente.
“La despedida de mi madre fue muy dura, porque con ella estuvimos muy unidos todo este tiempo en Guatemala. Yo me sentía más triste que feliz pues nunca me había separado de mi mamá en toda la vida y ahora estamos lejos”.
Para Luis estos días en Portland, siguen siendo como un sueño. “Me despierto y pienso ‘¿dónde estoy?’. Pero he vuelto a dormir bien y ya no tengo tantas preocupaciones. Eso sí, pienso todo el tiempo en mi mamá y hemos hablado todos los días. Yo la quiero ayudar”.