Edición Impresa: 04/19/2010

Nos reencontramos en el silencio

Hemos celebrado la Semana Mayor. Los católicos hemos recibido la bendición que llega con la Pascua de Resurrección. Los templos se vieron colmados de fieles, durante esta semana que nos lleva a reflexionar sobre el valor de ser parte de la familia católica.
Si vemos como se vive nuestra tradición de fe, en cada una de las celebraciones litúrgicas de este tiempo, vemos que el silencio da paso a esa parte espiritual que dejamos a un lado en medio de la cotidianidad y el ruido que vivimos día a día.
Al entrar a la iglesia, se siente un ambiente diferente. Pero es en el silencio, como práctica de respeto y de reflexión, que podemos apreciar ese espacio que no es tan evidente.
Leyendo, estos días sobre el concepto que reúne la palabra “silencio”, en el Vocabulario Básico de Liturgia de José Aldazábal, encontré varias definiciones interesantes que van unidas a la tradición litúrgica.
“El silencio es parte integrante de la oración y de la celebración litúrgica”, es uno de los significados principales.
“En la misa el silencio puede ayudar mucho a la celebración, después de escuchar las lecturas bíblicas y la homilía, entre la invitación “oremos” y la oración presidencial; en el espacio ofertorial, mientras se dispone el altar; en la preparación inmediata de la comunión, tanto por parte del sacerdote como de la comunidad”. Es por esto, que el silencio no es ausencia de ruido. Es atención, acogida, reflexión, resonancia, asimilación, personalización de lo que estamos celebrando, además de interiorización del misterio.

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