
Queridos Lectores:
Estamos en el mes en que se celebra el Día de Acción de Gracias en los Estados Unidos: Thanksgiving Day. Y me parece oportuno, escribir en esta oportunidad una reflexión dirigida a la importancia de “dar gracias”, porque muchas veces pensamos que las cosas que tenemos o las personas que están en nuestras vidas, deben estar allí y ya. Pero no, tenemos que agradecer por todo, pues cada cosa que tenemos es una gracia que nos es dada y la cual, yo pienso que tenemos que reconocer.
Para empezar esta reflexión, uno de los momentos que me parece importante reconocer para dar gracias y que es parte de nuestra vida cotidiana, es el primer momento de la mañana.
Cuando abrimos los ojos y nos disponemos a iniciar un nuevo día, estamos tan ocupados pensando en todo lo que tenemos
que hacer, que se nos olvida reflexionar y dar gracias por ese nuevo día de vida que se nos ha dado. Ese momento de cada
mañana es el milagro de la vida que se nos regala y por el cual debemos estar agradecidos y abrimos los ojos, nos movemos y estamos dispuestos a empezar nuestra jornada, sin pensar en lo valioso que es.
Otro de los momentos importantes es cuando nos sentamos a la mesa, ya sea para desayunar, almorzar o cenar. ¿Por qué? Pues porque la comida es otro regalo y sobre todo, poder tener un plato de comida en nuestras mesas, cada día, como muestra del fruto de nuestro trabajo, como muestra de la salud que recibimos a través de cada alimento.
Quizás por lo normal que nos parece, es que se nos olvida dar gracias y sobre todo, recordar que hay miles de personas en el mundo que no cuentan ni siquiera con una de las comidas diarias, por las condiciones de pobreza que viven.
En nuestros países latinoamericanos la marginalidad es una realidad. Son muchos los lugares en los cuales las familias no tienen ni siquiera una de las comidad del día. Recientemente veía un noticiero de Colombia, en el cual se registraba la noticia de una familia de cinco hijos, en la cual el padre y la madre, seguían buscando trabajo y no lo conseguían. Pero lo que hizo que los reporteros se detuvieran y escribieran esta historia, fue el ver que los niños pasaban el día con medio pocillo de agua de panela y un pedazo de papel. La madre de estos pequeños decidió darles papel periódico a la hora del desayuno porque no soportaba verlos con hmbre y no tenía un peso, para comprar un pedazo de pan.
Y sin ir tan lejos, esta sistuación también se vé en los Estados Unidos. En Oregón, son muchos los casos de familias inmigrantes en la marginalidad que no tienen trabajo y no tienen la posibilidad de salir adelante, aunque hay otros recursos a los que se puede recurrir en estos casos.
Por lo menos en este país, existen las estampillas para reclamar comida, las cuales se entregan a sectores marginados de la población. Esto hay que agradecerlo, porque de alguna manera muestra las posibilidades que tienen los pobres en este país. Sin negar, que hay pobres que necesitan ayuda y solidaridad.
Precisamente, en su columna de este mes, el Arzobispo Vlazny está invitando a la comunidad a ser solidaria con la Campaña Católica para el Desarrollo Humano, la cual ayuda a las personas en estado de pobreza. El Arzobispo reflexiona sobre la necesidad de ser generosos y dar un poco, para ayudar a otros. Esta campaña ha implementado programas de desarrollo autosostenido dentro de las comunidades, además de la creación de líderes que trabajan para sacar adelante a los miembros de su propia comunidad.
Si ayudamos a esta campaña o simplemente lo hacemos con quien lo necesita, estaremos dando gracias de alguna manera y lo que hemos recibido, beneficiará a otros.
Pero siguiendo con la reflexión de la posibilidad de tener nuestros alimentos sobre la mesa, todos los días, quiero invitar a la comunidad a ser parte activa de las actividades de sus parroquias y sobre todo, ayudar a los hermanos inmigrantes. Son muchas las necesidades de nuestra comunidad. Si hay que citar ejemplos, por ejemplo, los jornaleros, que se paran en la esquina de la calle Burnside, necesitan que todos los miembros de la comunidad se detengan y piensen por un momento, en lo que significa estar de pie, en medio del aguacero, sin nada de comer y esperando la posibilidad de trabajar por lo menos una hora.
Si los católicos, nos unimos y miramos a nuestro alrededor, encontraremos realidades como ésta de los jornaleros, que realmennte requieren de una mano solidaria.
Otro de los casos, son los inmigrantes trabajadores que llegan a vivir en Campo Azul, que es la única posibilidad de vivienda que tienen al llegar a Oregón en busca de trabajo. Y si alguno de ustedes no sabe cómo viven estos trabajadores, le puedo contar, que viven hacinados, en grupos de cinco o seis en un espacio muy reducido y sin calefacción en esta época del año.
Esto requiere de la mano amiga de los mismos inmigrantes. Pienso que así como nos preparamos para las fiestas de fin de año; Thanksgiving, la Virgen de Guadalupe, Navidad y Año Nuevo, también en la agenda debería estar la forma de llegar a estos hermanos, inmigrantes, hispanos como nosotros, que necesitan de nuestra ayuda. Ellos como nosotros también están lejos de su país. Ellos como nosotros, también necesitan pertenecer a una comunidad. Ellos como nosotros, también necesitan de una mano amiga y de la posibilidad de disfrutar.
Es importante, reflexionar sobre estos aspectos, porque en estas páginas se han escrito muchas historias en las que la necesidad de inmigrante que no tiene, está a la vista. Y es en ese momento que podemos hacer algo, para compartir y sobre todo, para dar gracias, dando al otro, que es quizás la forma como se debe llegar a la solidaridad.
Cada año, el ambiente de fiesta llega por esta época del año. Es una tradición y todos lo vivimos de alguna manera, con nuestras tradiciones, porque de eso se trata, de compartir las tradiciones.
Y ese acto de “Dar Gracias”, es una tradición en este país, que los inmigranteshan asumido, para sentarse a la mesa en familia y cenar con nuestros amigos más cercanos, con el fin de “Dar Gracias”. Ese es uno de los momentos más significativos que he vivido desde que llegué a este país y empecé a celebrar esta fiesta, que en mi país, Colombia, no celebramos. Pero vivir aquí, nos ubica en otro contexto y aprendemos a celebrar tradiciones tan valiosas como ésta.
Si, sentarnos a la mesa en familia, mirar a quienes están alrededor de nosotros, además de reconocer por un momento, el beneficio de tener los alimentos en nuestra vida, es algo importante que no sólo deberíamos celebrar en esta fecha del mes de noviembre, para la que todos desde ya se preparan. Esta acción de “dar gracias”, debemos asumirla cada día, cuando nos sentemos a la mesa y estemos en familia disfrutando de la cena.
Además, el estar sentados a la mesa en familia, recobra valor porque reconocemos la presencia tan importante de nuestros seres queridos.
Nosotros los inmigrantes, que no tenemos a nuestras familias aquí, sabemos el vacío tan grande que ellos representan en fechas como ésta, porque en nuestra cultura la celebración “en familia”, siempre es el epicentro de nuestra actividad social.
Pero a pesar de la distancia, podemos agradecer por ellos también, por su presencia en nuestras vidas y por el cariño que en la distancia siempre sentimos y nos hace añorar, el momento de sentarnos juntos a la mesa de nuevo.
Este año, que casi concluye, demos gracias por todos los beneficios que hemos recibido. Demos gracias por la vida, que en situaciones como la de Irak, nos lleva a reflexionar en la partida inevitable de los seres queridos. El “Dar Gracias” y a Dios, puede convertirse en una costumbre, que nos lleve a reconocer lo afortunados que somos teniendo tantas cosas que nos hacen posible vivir.
Thanksgiving, una vez más debe ser la oportunidad para reflexionar sobre lo bueno que tenemos en esta vida y sobre todo, mirar alrededor para compartirlo en una forma de “Acción de Gracias”.