
Los inmigrantes son parte de la población que requieren del servicio médico.
Foto de El Centinela por Kim Nguyen.
Estados Unidos estaba cumpliendo con la razón social que le obliga la Constitución y la Ley para con todos sus habitantes en materia de salud. Y mucho menos, se han cuestionado, hasta dónde puede llegar el engendro de hacer de la salud un negocio, en vez de un servicio eminentemente social.
Cuando surgen esas inquietudes, uno tiene que pensar, con el corazón en la mano, que una decisión que eleva, mejora y protege a unas 30 millones de personas, que necesitan de la cobertura sanitaria, tiene que ser bien recibida por todos los estamentos sociales de esta gigante nación, a menos que se esté pensando comercialmente, en donde son las aseguradoras las que imponen las condiciones y obligan al sacrificio económico de la clase media empresarial y familiar, y desde luego, a que el acoso económico haga de las suyas entre los cientos de miles de habitantes del país.
Por eso, cuando el pasado 22 de marzo de este año, el presidente Barack Obama, en cumplimiento a su palabra desde su campaña camino a la Casa Blanca, firmó la ley que cambia por completo la estructura de la seguridad en Estados Unidos, se sintió un verdadero beneplácito por la tarea desarrollada ante el Congreso, y por las fórmulas que se deben aplicar para que de aquí en adelante, el servicio de salud sea un servicio, mas no un negocio para el sector empresarial de las aseguradoras.
“Hoy, dijo el presidente Obama desde la Casa Blanca, estoy firmando esta reforma para convertirla en ley, en nombre de mi madre, quien batalló contra las compañías aseguradoras durante sus últimos días de vida, mientras luchaba contra el cáncer’’.
Se reflejaba entonces, el dolor en carne propia, el sentimiento de un norteamericano que viendo a su señora madre en plena disputa contra la industria de la salud, en que estaba convertido el servicio, ahora en su calidad de mandatario de todos los estadounidenses, daba la cara para enfrentar el problema y para darle una solución definitiva y de raíz a este servicio que es, por encima de cualquier otra cosa, el apoyo social que necesitan los seres humanos en cualquier parte del mundo.
Lo primero que se debe pensar en los Estados Unidos, es que la reforma a la salud no es una necedad sino una necesidad, por la cual clamaban propios y extraños, ciudadanos del común pero carentes de solvencia económica, en donde el principio del lucro era la piedra angular para las aseguradoras, en detrimento real y físico de quienes padecían la obligación de hacer uso de esta clase de prestación social.
Cuando miramos con detenimiento las cifras globales en materia de este servicio, hay que decir que lo que ha hecho el Presidente Obama, que fue además una lucha sin cuartel en la cual también fue derrotado el anterior presidente demócrata, Bill Clinton, posiciona a los Estados Unidos en el centro justo de que la sanidad de todos los habitantes de la nación, no sea un privilegio de pocos, sino una protección de todos.
Cifras en el tablero mundial
Las cifras tan frías como elocuentes que son, no dejaban bien colocado en el tablero mundial a los Estados Unidos frente a otras naciones desarrolladas del orbe, en materia de prestación de los servicios de salud. Inglaterra ocupa el primer lugar en esta clase de servicios, seguida por Alemania. Y luego aparece Nueva Zelanda, y después, Australia.
¿Y en dónde aparece Estados Unidos? Nadie lo quiere decir, porque debe darles vergüenza manifestar que está en la casilla número catorce, entre las principales naciones del mundo, en donde, además, se concluía que la salubridad en este país, estaba manejada por los abusos de las compañías aseguradores, y de la carencia absoluta de un norte que cobije integral y universalmente el servicio de salud en todo el país.
Cuando los estudios indican que por cada 1.000 habitantes en los Estados Unidos, apenas se cuenta con 27 médicos para su cobertura, y que la mortalidad de la nación, se eleva a la desproporcionada cifra del 8.27 también sobre un potencial de 1.000 personas, sin incluir la carencia de enfermeros profesionales para la asistencia de primera mano, no hay otra forma que concluir en que el país no podía quedar rezagado en esta materia. Pero lo peor de todo es que Estados Unidos es la última en el escalafón de los servicios de salud entre las naciones más desarrolladas del mundo.
Pero vean estas otras cifras, que de por sí, dan escalofrío. De acuerdo con estudios efectuados por las Naciones Unidas y el Banco Mundial, dados a conocer recientemente, las mismas nos informan que Estados Unidos siendo un país desarrollado, ofrece la tasa de mortalidad más elevada con respecto a mujeres embarazadas y que acaban de dar a luz, dejando al descubierto lo precario que es el servicio de salud pública en toda la nación en este específico sector, superando, aun cuando nadie lo quiera creer, a naciones tan pobres como Bosnia o Macedonia, al ocupar el puesto 41 entre las naciones en esta clase de registros sanitarios.
Y que los miembros del Partido Republicano no salgan ahora con el estribillo político, que lo que hizo el presidente Obama es para obtener el apoyo de los inmigrantes ilegales, pues precisamente, tabla rasa, unos 11 millones de indocumentados que viven en este país, quedaron por fuera de la cobertura del servicio de salud, con la ley que acaba de aprobar el Congreso y que fue firmada por él.
Entre otras cosas, el presidente Obama tiene que caminar con paso de vencedor, hacia una reforma migratoria integral, humanitaria e inevitable, para resolver la presencia de una ‘’nación’’ de ilegales que ocupan el territorio estadounidense, que sea de puertas abiertas y no de amplia y marcada discriminación, como acaba de suceder con la Ley aprobada por el Estado de Arizona, en donde el ilegal es un delincuente, sin fórmula de juicio, abriéndose el camino para que la xenofobia haga de las suyas.
Que nos permitan recordar ahora, antes de que se nos olvide, que hace muy poco, el presidente republicano que dirigía los destinos de los Estados Unidos, recortó el presupuesto para educación, algo inaudito para un país que se precie de ser desarrollado, y lo que es todavía más inverosímil, es que ese mismo mandatario vetó una ley que permitía una mejor cobertura de salud para los niños pobres estadounidenses. ¿Será que los pobres no tienen derecho dentro del derroche de dinero y de pujanza que tiene Estados Unidos de contar con una cobertura sanitaria digna y justa?
El paso dado por el presidente Barack Obama con la obtención de la reforma de salud aprobada en una lucha voto a voto ante el Congreso de los Estados Unidos por iniciativa del Ejecutivo, y la sanción de la misma la ley, deja despejado el camino hacia la ruta correcta que tanto anhela el pueblo norteamericano desde hace muchos años, y el sendero de encontrarnos, más adelante, habitando una nación más justa y equitativa, con una mejor distribución de la riqueza, que empieza a tomar forma en la medida en que las aplicaciones sociales sean el punto de partida para que haya más oferta de empleo, mejores ingresos con capacidad adquisitiva y, por encima de todo, la protección de sus habitantes en todos los formatos sociales que el hombre de la vida moderna necesita, para que la escala de las necesidades básicas insatisfechas sean una cosa del pasado, no del presente ni del futuro.