Como ocurre regularmente al llegar el mes de mayo los campos están verdes, hay buen clima y una multitud de flores engalana el ambiente a tal punto que popularmente es el mes de las flores. También tenemos diferentes festividades como el "Día de las Madres", la Ascensión de Cristo y la fiesta de "Pentecostés", que es la fundación de la iglesia y de la cual vamos a hablar.
En el Antiguo Testamento encontramos una "fiesta de las semanas" que tenía como finalidad dar gracias por la recolección de las mieses, en memoria de la promulgación de la ley en el Monte Sinaí, en el desierto. Sin duda que es una figura de la fiesta cristiana de Pentecostés, que es cuando comienza la recolección de las almas.
La palabra 'Pentecostés' es de origen griego y significa "Cincuenta", es una fiesta de regocijo y se le considera un punto culminante del ciclo pascual. En la primitiva Iglesia, la noche que precedía a Pentescostés se consagraba a la administración del bautismo, para aquellos que por enfermedad y otra causa no habían podido presentarse en las fuentes bautismales la noche de Pascua. En Pentescostés el sol divino se levanta para llegar muy alto, el cenit, para calentar y llenar nuestras vidas.
Podemos hacer esta otra comparación. En Pascua, el jardín de la Iglesia está en el tiempo de florecimiento con los recién bautizados y los cristianos renovados. En Pentecostés, las flores se han convertido en frutos que cargan las ramas de los árboles. El jardinero, nuestro Señor Jesucristo que hace brotar las plantas tiernas y el sol que madura los frutos, es el Espíritu Santo. Pentescostés es la fiesta de la fundación de la Iglesia, es el momento en que empieza a propagarse la buena nueva y comienza su camino de peregrinación por el mundo hasta el fin de los tiempos.
En Pentescostés comienzan también el trabajo y la acción del Espíritu Santo. Cristo prometió antes de su partida que no nos dejaría solos sino que nos enviaría el Consolador que nos enseñaría todas las cosas y nos las recordaría.... ese consolador es el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es nuestro maestro y nuestro inspirador, su actividad lo abarca todo. Nos santifica por medio de los sacramentos, especialmente cuando recibimos la Eucaristía, que es la renovación de la venida del espíritu santo y el cumplimiento del milagro de Pentecostés en nosotros.
El Espíritu Santo, según el profeta Isaías (11,2) traerá a quien le es fiel estos siete regalos o dones:
*Don de la Sabiduría: Que nos fue regalado desde el día del Bautismo, que nos hace saborear las verdades divinas. En la Biblia leemos:"La Sabiduría vale más que todos los objetos preciosos y nada se le puede comparar (Proverbios 8,11).
*Don de la Fortaleza: Que es una fuerza especial para realizar lo que Dios quiere de nosotros y para resistir con paciencia y valor las contrariedades de la vida. "Seréis revestidos de la fuerza de lo alto (Lucas 24).
*Don del Consejo: Quienes reciben este don tienen la rara cualidad de encontrar soluciones rápidas para casos urgentes y guiar a otros para que eviten lo que no conviene. Cristo prometió a sus discípulos: El Espíritu Santo os enseñará todo (Juan 16).
*Don de Piedad: Es un afecto filial hacia Dios. Los que reciben este don sienten aprecio especial por la oración y la meditación; un deseo de que muchas personas conozcan a Dios.
*Don del Entendimiento: Es una facilidad para comprender lo que Dios dice por medio de su palabra en la Biblia y otros medios. Por este don, San Agustín descubrió las enseñazas de las Sagradas Escrituras.
*Don de Ciencia: Es una facilidad para distinguir lo verdadero de lo falso. Este don hace ver el verdadero valor de las riquezas y los honores.
*Don de Temor de Dios: Es un temor cariñoso que nos inspira miedo de ofender a Dios, por ser El, un Padre tan generoso y lleno de bondad hacia nosotros y también porque sabemos que Dios no dejará ni un sólo pecado sin castigo, verdad que repite la Biblia siete veces.